Desde Córdoba, Argentina hasta la Córdoba colombiana, seguimos trabajando en los liderazgos femeninos

Regresamos desde la Córdoba argentina a la Córdoba colombiana: consolidando capacidades locales para la transformación pacífica de conflictos

Un puente de saberes entre dos Córdobas: la del centro de Argentina y la del Caribe colombiano.


Introducción: dos territorios, un mismo compromiso

Desde la Córdoba de las sierras y la poesía militante, hasta la Córdoba del Sinú y la resistencia campesina, nuestra fundación entiende que la paz se construye con acciones concretas, con diálogo horizontal y con la certeza de que los saberes se potencian cuando se comparten. Por eso, regresamos al municipio de Los Córdobas, en el departamento de Córdoba, Colombia, para continuar un proceso que comenzamos meses atrás: la formación de lideresas comunitarias como mediadoras de conflictos.

No se trata de un taller aislado ni de una visita de cortesía. Es la segunda fase de una intervención estratégica que busca dejar capacidades instaladas en el territorio, entendiendo la paz como una práctica cotidiana que debe ser apropiada por quienes habitan las dinámicas de conflicto.


Una metodología que se instala, no que se olvida

Cuando hablamos de construcción de paz territorial, muchas iniciativas se quedan en eventos puntuales: un taller aquí, una capacitación allá. Pero la paz que necesita Los Córdobas —un municipio costero con historias de violencia, desplazamiento y tensiones por la tierra— no se resuelve con una jornada.

Por eso, nuestra apuesta es la transferencia metodológica a través del Maletín de la Mediadora Comunitaria, una herramienta diseñada para dotar a mujeres líderes de capacidades prácticas y conceptuales que les permitan:

  • Leer los conflictos más allá de su expresión superficial.

  • Diferenciar entre posiciones (lo que se pide) e intereses (lo que realmente se necesita).

  • Construir acuerdos con seguimiento y vocación de permanencia.

  • Saber cuándo es momento de mediar y cuándo derivar a las rutas institucionales de justicia o protección.

En esta segunda fase, las participantes no solo repasaron las técnicas, sino que las pusieron a prueba en un laboratorio de casos reales traídos por ellas mismas: disputas vecinales por linderos, conflictos familiares por herencias, tensiones entre comunidades y autoridades locales, y situaciones de violencia que requieren una derivación inmediata a la Línea 155, la Fiscalía o las Comisarías de Familia.


El salto cualitativo: de aprendices a mediadoras activas

Lo más significativo de esta segunda fase fue constatar que las mujeres de Los Córdobas ya no son meras receptoras de conocimiento: son sujetas activas de transformación.

Llegaron al taller con historias concretas de acuerdos que ellas mismas facilitaron después de la primera formación. Relataron cómo, en sus veredas y barrios, lograron que vecinos enfrentados se sentaran a hablar, que una familia en disputa por la herencia de un abuelo encontrara puntos de encuentro, que una mujer en riesgo de violencia supiera a quién llamar y cómo protegerse.

También llegaron con preguntas precisas: «¿Cómo mediar cuando una de las partes tiene mucho más poder que la otra?»«¿Qué hago si la persona agresora es también quien nos ayuda en otros temas?»«¿Hasta dónde llega mi responsabilidad como mediadora?». Esas preguntas son la evidencia de que han internalizado el rol y lo ejercen con conciencia de sus límites y alcances.

Y, sobre todo, llegaron con la certeza de que su comunidad las reconoce. Vecinos que antes llamaban a la policía o guardaban silencio, hoy buscan a estas mujeres para que los ayuden a resolver sus diferencias. Ese reconocimiento social es el mayor indicador de sostenibilidad.


Más que un taller: una red de mediadoras con enfoque de género

La intervención en Los Córdobas no es un evento aislado. Es la siembra de una red de mediadoras comunitarias con enfoque de género, un activo institucional que trasciende nuestra presencia en el municipio.

Estas mujeres no solo recibieron un maletín con herramientas físicas (guías ilustradas, tarjetas de recursos, lista de contactos de emergencia). También recibieron un acompañamiento continuo, un espacio de consulta y retroalimentación, y la certeza de que forman parte de una red que las respalda.

La red ya comenzó a articularse por sí misma: se organizan para compartir casos complejos, para acompañarse cuando alguna enfrenta una situación difícil, para exigir a las autoridades locales que las reconozcan como mediadoras oficiales del municipio.


El puente entre dos Córdobas

Este trabajo en Los Córdobas, Colombia, tiene un eco en la Córdoba argentina. Desde allí, nuestro socio fundador Claudio Encina —vecino del barrio Observatorio y Secretario de Cultura del Centro Vecinal— nos recuerda que la organización comunitaria es la base de cualquier proceso de paz sostenible. Los centros vecinales cordobeses y las juntas de acción comunal colombianas tienen mucho que aprender mutuamente sobre participación, gestión territorial y construcción de memoria.

En Mundo Hispano por la Paz creemos que esos puentes son posibles. Por eso, cuando hablamos de «regresar desde la Córdoba argentina a la Córdoba colombiana», no es solo una metáfora geográfica: es la expresión de una convicción profunda. Los saberes sobre la paz no tienen fronteras, y la solidaridad entre nuestros pueblos es el mejor antídoto contra la violencia.


Conclusión: la paz se instala, no se decreta

En Los Córdobas, las mujeres mediadoras ya están transformando conflictos cotidianos en oportunidades de diálogo. Ya están previniendo violencias que antes escalaban hasta convertirse en tragedias. Ya están demostrando que la paz territorial no es una promesa abstracta, sino una práctica que se teje día a día, con paciencia, con método y con el respaldo de una red que las sostiene.

La transferencia metodológica es clave, pero la sostenibilidad solo es posible cuando las propias comunidades se apropian de las herramientas. En Los Córdobas, eso ya está ocurriendo.

Seguiremos caminando junto a ellas, no como expertos que llegan a enseñar, sino como acompañantes de un proceso que ellas mismas protagonizan. Porque cuando una mujer aprende a mediar, no solo resuelve un conflicto: siembra paz para toda su comunidad.


#PazTerritorial #LosCórdobas #Córdoba #MediaciónComunitaria #MujeresConstructorasDePaz #MundoHispanoPorLaPaz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *