El Sáhara Occidental y Colombia: dos pueblos hermanados por la memoria, el exilio y la lengua

Una reunión con significado

El pasado miércoles 15 de abril de 2026, en la sede de la Cancillería colombiana en Bogotá, se llevó a cabo un encuentro diplomático que, para muchos, podría haber pasado desapercibido. Sin embargo, para quienes trabajamos por la paz con raíces profundas, esa reunión fue un recordatorio de que la solidaridad entre los pueblos no conoce fronteras.

El embajador de la República Árabe Saharaui Democrática en Colombia, Mohamed Alí Alí Salem, se reunió con el viceministro de Asuntos Multilaterales, Mauricio Jaramillo, y con el director de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, Nelson Javier Restrepo Arango. El objetivo: fortalecer el diálogo bilateral, abordar la situación de los derechos humanos en el Sáhara Occidental y reafirmar el respaldo del Gobierno colombiano al pueblo saharaui.

En una segunda reunión, ya con el equipo técnico de la Dirección de Derechos Humanos, se analizaron denuncias concretas sobre la explotación de recursos naturales en el territorio ocupado por Marruecos, un tema que viola el derecho internacional y agrava la situación de una población que lleva más de cuatro décadas esperando un referéndum de autodeterminación.


Un pueblo árabe con alma hispana

Hay un dato que pocos conocen y que nos hermana profundamente: el pueblo saharaui es la única nación árabe del mundo donde el español es ampliamente utilizado como lengua de comunicación, administración, educación y cultura.

Aunque no es oficial en los textos constitucionales —el árabe y el hassanía lo son—, el español está vivo en los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia), en la prensa saharaui, en las escuelas, en las relaciones diplomáticas con América Latina y en el corazón de su diáspora. Millones de hispanohablantes en el Sáhara Occidental y en los campamentos mantienen viva una lengua que les fue legada por la antigua administración española y que hoy es un puente natural con el mundo hispanoamericano.

Esta conexión lingüística convierte la causa saharaui en una causa también nuestra. No podemos decir que nos es ajena cuando compartimos palabras, historias y una misma sed de justicia.


Colombia y el Sáhara: espejos de guerra y desplazamiento

Quienes hemos vivido décadas de conflicto armado interno, desplazamiento forzado y despojo territorial sabemos lo que significa ser arrancados de la tierra. Sabemos lo que duele criar a los hijos lejos del lugar donde nacieron los abuelos. Sabemos lo que es esperar —a veces en vano— que la comunidad internacional haga justicia.

Las familias saharauis llevan más de 40 años en campamentos de refugiados en medio del desierto argelino. Allí nacieron generaciones que nunca han pisado su tierra. Sus ancianos aún recuerdan los pozos, los pastos, los caminos que hoy están ocupados por muros y alambre de púas. Sus niños y niñas crecen con el exilio como única patria, aprendiendo en sus escuelas —muchas veces a la intemperie— la lengua de Cervantes y los derechos que el mundo les sigue debiendo.

Colombia, que recientemente conmemoró los nueve años de la firma del Acuerdo de Paz con las FARC, sigue enfrentando los retos de la implementación: tierras sin restituir, víctimas sin reparar, excombatientes asesinados, comunidades desplazadas. Esa experiencia nos da una autoridad moral para alzar la voz por el Sáhara Occidental, el último territorio pendiente de descolonización en África según la ONU.


Lo que está en juego: derechos humanos y recursos naturales

Uno de los puntos más graves abordados en la reunión de Cancillería fue la denuncia sobre la explotación ilegal de recursos naturales en el Sáhara Occidental por parte de Marruecos. Fósforo, pesca, energía, tierras raras: todo un patrimonio que pertenece al pueblo saharaui está siendo extraído y comercializado sin su consentimiento y en violación del derecho internacional.

Empresas europeas y de otras latitudes han sido demandadas en tribunales internacionales por beneficiarse de esta explotación ilegal. La Unión Europea, por ejemplo, ha sido cuestionada por incluir productos del Sáhara Occidental en sus acuerdos comerciales con Marruecos, a pesar de las advertencias de la ONU y de las organizaciones de derechos humanos.

Colombia, desde su posición en escenarios multilaterales, puede contribuir a visibilizar estas violaciones, a apoyar la legalidad internacional y a acompañar al pueblo saharaui en su legítima lucha por la autodeterminación.


El papel de la sociedad civil y de Mundo Hispano por la Paz

En Mundo Hispano por la Paz creemos que la paz no se construye con silencios cómplices. Por eso acompañamos al pueblo saharaui en su lucha por la dignidad, el retorno a su tierra y el ejercicio pleno de sus derechos humanos.

Nuestra fundación, que trabaja con comunidades víctimas del conflicto en Colombia, entiende que la solidaridad internacional es un pilar fundamental para que ningún pueblo se sienta solo en su lucha. La experiencia saharaui nos enseña que la justicia puede tardar décadas, pero que la memoria y la organización nunca se rinden.

Así como acompañamos a mujeres rurales en Caquetá, a artesanas wayuu en La Guajira y a mediadoras comunitarias en Córdoba, también alzamos la voz por los refugiados saharauis que, desde el desierto, nos recuerdan que la patria es, ante todo, un derecho.


Conclusión: una deuda histórica y una oportunidad de hermandad

El diálogo entre Colombia y la República Saharaui es un paso importante. Pero no puede quedarse en las declaraciones diplomáticas. Se necesita acción concreta: respaldo en Naciones Unidas, condena a la explotación ilegal de recursos, apoyo humanitario a los campamentos y, sobre todo, presión efectiva para que se realice el referéndum de autodeterminación que el Sáhara Occidental merece.

Para Colombia, esta causa es también una oportunidad de redimirse como país solidario. Hemos recibido solidaridad del mundo durante décadas. Es hora de devolverla. Y qué mejor manera que hacerlo con un pueblo que, además, comparte nuestro idioma y nuestra sed de paz.

Desde Mundo Hispano por la Paz, seguiremos tejiendo puentes entre nuestras memorias, nuestras luchas y nuestras esperanzas. Porque cuando un pueblo sufre, todos somos un poco refugiados.


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Este artículo fue elaborado con base en información oficial de la Cancillería colombiana (comunicado del 15 de abril de 2026) y en el trabajo de acompañamiento de la sociedad civil al pueblo saharaui.

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