En las veredas donde la neblina se encuentra con el verde intenso de la Amazonía colombiana, en el municipio de Montañita, Caquetá, llevamos a cabo un encuentro que resonó con la fuerza silenciosa pero imparable de las mujeres rurales. Este espacio, más que una reunión, fue un acto de reconocimiento colectivo a aquellas que, con sus manos curtidas por la tierra y sus corazones resilientes, tejen diariamente los cimientos de la paz en uno de los territorios con una historia compleja de nuestro país.
Nos reunimos con mujeres campesinas, tejedoras de vida, guardianas de la tierra y reconstructoras del tejido social. Ellas, quienes han visto transformarse el paisaje y las dinámicas de su territorio, son las verdaderas arquitectas de una nueva realidad. En sus miradas, profundas como los ríos del Caquetá, se refleja la memoria de un territorio que ha decidido sanar; en sus manos, hábiles para sembrar, cocinar, consolar y organizar, reside la determinación inquebrantable de sembrar futuro donde antes hubo incertidumbre.
DIÁLOGOS QUE CONSTRUYEN HORIZONTES
Este encuentro se diseñó como un círculo de la palabra, donde cada voz tenía el mismo valor. Lejos de ser una charla unidireccional, fue un intercambio genuino de saberes, preocupaciones y esperanzas. Los ejes de nuestra conversación fueron:
1. Derechos rurales con enfoque de género
Exploramos qué significa acceder a la tierra, al crédito, a la asistencia técnica y a la participación política como mujeres campesinas. Dialogamos sobre la brecha entre el reconocimiento legal y la realidad cotidiana, y co-creamos estrategias para exigir y ejercer estos derechos desde la organización comunitaria. “Aquí, el derecho se hace real cuando lo defendemos entre vecinas”, compartió una de las participantes.
2. Economías propias y sostenibles desde lo local
Reconocimos el poder transformador de las economías circulares y los emprendimientos con identidad territorial. Desde las huertas diversificadas que garantizan seguridad alimentaria, hasta las iniciativas de transformación de productos y los trueques solidarios, las mujeres de Montañita están demostrando que otra economía es posible: una que ponga la vida en el centro y fortalezca la autonomía de las comunidades.
3. Cuidado comunitario como acto de resistencia pacífica
En un contexto donde los recursos estatales son limitados, el cuidado mutuo se erige como la primera red de protección. Hablamos de cómo las ollas comunitarias, las rutas de atención a violencias basadas en género y los sistemas de alerta vecinal son expresiones profundas de una resistencia pacífica y organizada. “Cuidarnos no es solo un acto de amor, es un acto político”, reflexionó una lideresa.
COMPROMISOS QUE ECHAN RAÍCES
Cada historia compartida, cada pregunta formulada, cada idea generada en este encuentro refuerza un compromiso recíproco y profundo: el de seguir trabajando codo a codo, desde las realidades concretas y los saberes profundos del Caquetá, por una paz que tenga raíces firmes y dé frutos colectivos.
Entendemos que la paz sostenible no se decreta ni llega desde fuera; se cultiva día a día en las decisiones comunitarias, en la resolución dialogada de conflictos, en la defensa del territorio y en el reconocimiento del liderazgo femenino como fuerza motora del cambio.
GRATITUD Y FUTURO COMPARTIDO
Agradecemos profundamente a cada mujer de Montañita que alzó su voz con valentía, que compartió su sabiduría con generosidad y que, contra todo pronóstico, sigue creyendo y demostrando que, juntas, es posible transformar realidades.
Este encuentro en Montañita no es un punto de llegada, sino un hito significativo en un camino más largo. Es un paso más que damos hombro a hombro, un nuevo tramo en la ruta colectiva hacia la equidad, la justicia y la paz con dignidad. Seguiremos caminando juntas, porque sabemos que la semilla de la paz, cuando la siembran las manos de las mujeres rurales, está destinada a florecer.
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