Este 8 de marzo no celebramos: conmemoramos, exigimos y resistimos.
Lo hacemos porque 124 años después de que 15.000 mujeres marcharan en Nueva York exigiendo igualdad salarial y derecho al voto, aún tenemos que seguir marchando. Porque 48 años después de que la ONU declarara oficialmente esta fecha, las cifras siguen siendo un recordatorio incómodo de lo que no se ha hecho.
Datos que duelen, realidades que duelen:
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Entre enero y abril de 2025, Colombia registró 123 feminicidios y 79 tentativas de homicidio contra mujeres. A septiembre del mismo año, la cifra ascendía a 621 feminicidios en todo el país .
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Cada 16 minutos una persona fue víctima de violencia sexual en Colombia durante 2025. Entre enero y septiembre se registraron 24.853 delitos sexuales, de los cuales el 81% correspondió a mujeres .
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La violencia intrafamiliar registró 107.882 casos en los primeros nueve meses de 2025, lo que equivale a un caso cada tres minutos y medio. El 75% de las víctimas fueron mujeres .
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El 44% de las mujeres rurales en Colombia no tiene ingresos propios, según el DANE. En América Latina, solo el 38% accede a servicios financieros formales .
Pero el 8 de marzo no es solo un recordatorio del dolor. Es también un parte de guerra y un parte de resistencia.
La triple brecha que seguimos enfrentando
Brecha económica:
Las mujeres dedicamos 3 veces más horas que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. En Colombia, el 74,9% de las víctimas de violencia intrafamiliar somos mujeres, y esta violencia se agrava por la dependencia económica . La pobreza extrema reduce la probabilidad de acceso financiero en cerca de 24%, y la condición afrocolombiana en un 11% .
Brecha política:
Apenas el 26,5% de los escaños parlamentarios en el mundo están ocupados por mujeres. En Colombia, aunque la Ley de Cuotas exige participación femenina, la implementación sigue siendo desigual.
Brecha territorial:
Para las mujeres rurales, indígenas y afrodescendientes, la discriminación se multiplica. Las condiciones territoriales, la pobreza extrema y la pertenencia étnica profundizan la exclusión financiera y productiva .
Lo que hemos logrado (y nadie nos regaló)
En los últimos años, las mujeres hemos conquistado espacios que nos fueron negados durante siglos:
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En junio de 2025, fue sancionada la Ley 2462 de 2025, que modifica la Ley 731 de 2002 y adopta medidas afirmativas para garantizar la igualdad de oportunidades de las mujeres rurales, campesinas y de la pesca. Esta ley reconoce el trabajo del cuidado, garantiza acceso preferente a tierra, crédito, formación y participación .
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La ley crea el Fondo de Fomento para las Mujeres Rurales (FOMMUR) y establece líneas de crédito con tasas preferenciales, garantizando que las mujeres rurales sean reconocidas como sujetas de derechos con enfoque diferencial .
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En octubre de 2025, el Ministerio de Agricultura y el Fondo Mujer anunciaron nuevas convocatorias para fortalecer la autonomía económica de las mujeres rurales, con cofinanciación de hasta $580 millones para proyectos territoriales y apoyo individual a mujeres de la pesca .
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La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ha priorizado los casos de violencia sexual cometidos en el conflicto, reconociendo que el cuerpo de las mujeres también fue campo de batalla.
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La Resolución 1325 de la ONU (Mujeres, Paz y Seguridad) sigue siendo un marco fundamental para garantizar la participación de las mujeres en los procesos de paz.
Nada de esto fue concesión. Fue lucha organizada, incidencia, resistencia y mucha, mucha perseverancia.
En Mundo Hispano por la Paz, trabajamos cada día por:
✔️ Mujeres que median conflictos: A través del Maletín de la Mediadora, formamos lideresas que transforman disputas en acuerdos y previenen violencias en sus comunidades, dotándolas además de rutas de emergencia para casos de violencia activa.
✔️ Mujeres que tejen autonomía: En La Guajira, acompañamos a artesanas wayuu para que el reconocimiento internacional de sus tejidos se traduzca en ingresos dignos y preservación cultural, en el marco de la nueva Ley 2462 que reconoce las artesanías como actividad rural .
✔️ Mujeres que acceden a tierra: En Caquetá, Huila y Córdoba, trabajamos para que las mujeres rurales sean reconocidas como sujetas de reforma agraria, articulando con los nuevos mecanismos del FOMMUR.
✔️ Mujeres que inciden en políticas públicas: Acompañamos a lideresas para que su voz esté presente en los espacios donde se deciden los presupuestos y las leyes, exigiendo que los $36 mil millones asignados en 2025 para prevención de violencias contra las mujeres sean efectivamente ejecutados .
Este 8 de marzo exigimos:
🔴 Justicia para las 621 mujeres asesinadas en Colombia durante 2025 .
🟠 Tierra para las mujeres rurales, en aplicación efectiva de la Ley 2462 de 2025.
🟡 Participación real, no simbólica, en todos los espacios de decisión.
🟢 Cuidado como responsabilidad social, no como condena femenina, reconociendo que 107.882 casos de violencia intrafamiliar en 2025 nos exigen respuestas estructurales .
🔵 Paz con enfoque de género, que reconozca que el conflicto nos golpea distinto y que la reconciliación no será completa sin nosotras.
🟣 Ejecución de los recursos públicos destinados a nuestra protección: no más presupuestos congelados mientras las violencias aumentan .
Para recordar siempre:
El Día Internacional de la Mujer no es un día para felicitar. Es un día para:
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Exigir lo que aún nos deben.
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Reconocer lo que hemos conquistado.
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Honrar a quienes cayeron en el camino.
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Organizarnos para lo que sigue.
Porque mientras haya una mujer sin tierra, sin voz, sin derechos, sin justicia, la lucha continúa.
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«No estamos pidiendo permiso. Estamos exigiendo lo que siempre fue nuestro.»
